Street Food de Nueva York: una nueva manera de viajar

La ciudad que nunca duerme, I want to wake up in a city, that doesn’t sleeps. La capital del mundo, I want to be a part of it. El lugar elegido por la mayoría de los mitos modernos. Como King Kong o Godzilla sabían, New York New York, y de seguro también Frank Sinatra, la comida típica de Nueva York se encuentra en la calle, como podemos ver en la campaña de información acerca de gastronomía y viajes de eDreams.

Existe un lugar para quienes tienen por brújula un paladar exquisito al moverse por el mundo. Esto es, el mapamundi de los sabores se reduce al callejero de la urbe interpretada por Woody Allen, coloreada por Andy Warhol y refugio de Al Capone.

Y es que todas las comidas del mundo se pueden encontrar en Nueva York. En sus calles para ser más precisos. Es la cultura del street food.

Desayunamos

Desayunar en Nueva York. Cómo olvidar a aquella muchacha de vestido negro, guantes y collar de perlas bajando del taxi amarillo en la Quinta Avenida. La muchacha se acerca al escaparate de la joyería Tiffany y, sin quitarse las gafas de sol, saca de una bolsa de papel un croissant. Ella es Audrey Hepburn.

¿Por qué no recrear esa misma escena? Podríamos acompañar el dulce con uno de esos cafés largos y en vaso de cartón cuyas letras impresas nos advierten de la temperatura de su contenido. ¿Por qué no empezar así nuestro recorrido neoyorquino? Ambos, café y croissant, nos serían quizá, amablemente servidos desde uno de los muchos carritos que nos incitarán al primer bocado del día.

En busca del mito moderno

Es la esencia de este viaje. Recorrer las calles un millón de veces paseadas en el imaginario colectivo de occidente. Tramitar la mañana bajo el sol en Central Park. Y llegar tal vez a los pies del edificio Dakota, contemplar entonces el lado inquietante del art deco para después tararear el Imagine de John Lennon al caminar junto a las escalinatas del edificio.

Poco importa a donde nos dirijamos, ya sea a pie o en metro. Pongamos que decidimos subir al Top of the Rock, el mirador del Rockefeller Center. Desde allí nuestra vista quedará dividida por la cumbre del Empire State, y al frente, enorme, la gran ciudad.

¿Kebab o japonés?

Ya de nuevo a ras de suelo que no nos resulte extraño poder elegir entre food trucks (camionetas de comida), nuestros sabores favoritos para recuperar energías.

Tanto Twitter como una lista considerable de apps nos pueden resultar de gran ayuda para conocer los mejores puestos de comida cercanos a nuestra ubicación.

El espectro abarca desde una inimaginable variedad de sándwiches hasta sopas, tacos, arroces… hamburguesas y perritos calientes, por supuesto; y todo ello, pese a lo callejero de la dieta propuesta, sin prescindir de la calidad de los alimentos que ingerimos, ya que, como decía antes, el street food en Nueva York es parte de la cultura. Se podría decir que street food es la típica comida neoyorquina.

No se marchen de la ciudad sin probar el pretzel, un pan blando como un bollo o duro como una galleta -alimento de origen alemán-, en forma de corazón o lazo con sésamo por encima, y al que podemos añadir un poco de mostaza o kétchup.

Bien nos puede servir de postre un helado, la oferta de sabores es infinita.

El Village

El Greenwich Village es el Nueva York más bohemio. La tarde en la ciudad es para pasear por el Village hasta que nos atropelle la noche en sus aceras. Cuna de la Beat Generation, sus fachadas de ladrillo y escaleras exteriores de emergencia son testigos del crecimiento del joven Bob Dylan. Los personajes de la popular serie Friends viven en el barrio flanqueado por la conocida calle Broadway y el río Hudson.

El desfile de Halloween más grande del mundo se da en el Village, y no son pocas las planchas y barbacoas que ofrecen, al viandante, sabrosas costillas para bañar en salsa barbacoa casera.

Todo es espectáculo

Es lo que sentimos cuando la noche apenas se intuye allá arriba, entre los rascacielos, y nos sentimos como hormiguitas en Times Square. En lo que una vez fue el hogar del neón ahora los colores en led se alzan sobre el tráfico. Todo es espectáculo. Y de nuevo la comida se encuentra al alcance de la mano por unos pocos dólares. Poco importa la hora, esta ciudad no entiende de horarios: sobre la barra de aluminio de un kiosco ambulante se puede disfrutar perfectamente de un cuscús y unas albóndigas de cordero. Qué duda cabe, ahora más que nunca, estamos en Nueva York.

En nuestra memoria permanece el puente de Brooklyn o las escalinatas de Grand Central Station, en la que nos hemos soñado Elliot Ness, pensando quizás en volver porque nos ha sido imposible visitar el Museo Natural o la obra de Edward Hopper.

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