Relax en la ciudad pesquera de Bagamoyo, Tanzania

Cuando hoy me desperté, tenía la intención de ir a visitar la iglesia y el museo de Bagamoyo y luego coger un bus que me llevase a Tanga.

Pero todo ocurrió muy despacio… Eran las 10 de la mañana cuando todavía estaba desayunando para, minutos después fui a hablar con el guía de ayer para que me contase para ir a la iglesia y nos pusimos de conversación, saqué fotos de los pintores, jugué con un gatito… en fin, que al final le dije que ya me iba yo sola y que luego me iba directa a la estación de bus. Me dijo que mejor que cogiese una moto. Le dije que no parecía tan lejos y que así conocía el lugar…

Media hora después de caminar bajo un sol muy fuerte, llegué por fin a la iglesia y museo d Bagamoyo. Menos mal que unos metros antes pude comprar una botella de agua, se me hizo lejos para hacer baja un sol que caía con rabia. Suerte que me había echado un montón de protector solar!

Al acercarme me sorprendió el edificio. Me esperaba algo más pequeño y sencillo. Pero sobre todo sorprende porque aparece que aparece de entre un bosque. El camino hacia ella es de tierra acompañado de una larga hilera de grandes árboles de mango. Al llegar, otros árboles más pequeños te invitan y abren paso hacia ella. Curioso…

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Al llegar un guía ofreció acompañarme en la visita, pero la verdad es que no quería estar mucho tiempo, solo una visita rápida y poco más.

La entrada al museo cuesta 10.000 chelines y dispone de tres salas con diferentes objetos que cuentan la historia de Bagamoyo. No es muy grande pero en este museo se encuentran restos de diferentes épocas que fueron recuperados por la iglesia con el fin de conservarlo y seguir mostrando las costumbres ya en desuso de la población de Bagamoyo.

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Detrás del museo se encuentra el árbol de baobab del que cuentan una historia…

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El interior de la iglesia es bastante sencillo, con pinturas que relatan la historia del lugar.

A la salida, un grupo de chicos me pidieron que les hiciese una foto y luego sacarse ellos una conmigo. Como ya habíamos establecido “relación”, le pedí al que trabaja en el museo y que me enseñó la iglesia, que les preguntase si me podía llevar alguno en moto hasta el hotel. Por 1.000 chelines (precio habitual) no volvía yo a sufrir esa caminata bajo el sol.

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Al llegar estuve hablando con la dueña del hotel y dándome información para ir a Tanga. Pero luego nos dimos cuenta que saliendo a esas horas ya iba a llegar de noche y solo dispondría de unas horas mañana para conocer algo la ciudad. Después de sopesarlo unos minutos, decidí saltarme Tanga e irme directa a Lushoto. Tomarme el día de descanso en vez de estar unas horas en una ciudad, me pareció la mejor opción.

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Volví a dejar mi mochila, pero esta vez en otro dormitorio y me fui a comer a un restaurante cercano. Ya muy relajada me fui hasta la playa, pero la verdad es que a esas horas no había más que hombres que me miraban muy curiosos. No me sentí cómoda y volví a callejear por la ciudad y visitar de nuevo el viejo mercado, recorvertido en centro de arte. Aquí es donde puedes comprar artesanía local y ayudar a los locales con su trabajo.

Y nada más! vuelta al hotel para, como no caer en ello, recibir un masaje de espalda. El día tenía que ser completo! Descanso, escritura, lectura, cena y a descansar!

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