Parque Nacional Andasibe-Mantadia, el hogar del lémur más grande, el Indri indri

Ya nos encontramos en la recta final de nuestro viaje por Madagascar y no queríamos marcharnos sin volver a ver a los simpáticos lémures. Decidimos visitar el Parque Nacional Andasibe-Mantadia que está relativamente cerca de Antananarivo, la capital. Y digo relativamente porque para recorrer esos 140 km que los separa se necesitan unas 4 horas de conducción. Más si vas en transporte local.

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En este parque se pueden ver los Indri indri, los lémures más grandes de Madagascar, junto a otras 11 especies diferentes que se distribuyen por los dos parques, Andasibe y Matandia, este segundo algo más remoto. Pensamos que por su “cercanía” a Tana iba a estar lleno de gente, pero no, solo nos encontramos con un grupo de malgaches que ya salía del parque y un japonés que estaba haciendo vídeo.

En nuestra idea de seguir un viaje tranquilo, decidimos ir a Moramanga, un pueblo tranquilo a 1 hora de Andasibe, lo que nos llevaría 3 horas de autobús y como nunca sabíamos a que hora saldría, pensamos que era mejor tomarlo con calma y dar el primer día como perdido. El día siguiente lo dedicaríamos al Parque Nacional Andasibe-Mantadia en el sector de Andasibe y el tercer día sería de vuelta a la capital con tiempo suficiente para callejearla. Pues sí, visitar un parque a 140 km de la capital nos llevó tres días!! La verdad es que lo pudimos haber hecho en dos, a la vuelta del parque podríamos ir directos a Tana, pero no pensamos que el recorrido nos llevase tan poco tiempo.

Día 17. De Antananarivo a Moramanga

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Moramanga, pueblo usado como base para las excursiones al Parque Nacional de Andasibe

Por suerte el ruido del pub que estaba en la planta baja del hotel no llegaba a la tercera planta y pudimos dormir sin problemas. El estar agotados después de 18 horas metidos en una furgoneta también ayudó… Nos dimos un buen homenaje con el desayuno y pedimos un taxi que nos llevara a la estación de bus para coger el primer taxi-brouse dirección Moramanga.

Íbamos con calma, sabíamos que teníamos todo el día para ese traslado, así que, a pesar de que nos dijeran que saldría en 10 minutos sabíamos que tendríamos que esperar una hora como mínimo, pero ya no importaba!

El traslado nos llevó más de tres horas y pudimos comprobar que la carretera que va hacia la costa está muchísimo mejor que las que habíamos visto hasta ese momento. Casi no había baches! Aún así, es una carretera de fuertes curvas y desnivel, los 115 km se nos hicieron agradables por las vistas y el paisaje, así como el disfrutar de las curiosidades de cada pueblo que íbamos pasando.

Casas de madera y colorines en Moramanga

Casas de madera y colorines en Moramanga

Al llegar a Moramanga vimos un letrero de un hotel y no lo dudamos, allá fuimos. Estábamos en la recta final y no íbamos a perder horas buscando algo más económico, sobre todo porque no parecía que hubiese demasiadas opciones. Comimos ya muy tarde en el mismo hotel y fuimos a dar un paseo por el pueblo. Hacía calor, mucha calor… así que volvimos para poner el aire acondicionado a funcionar y ver si podíamos dejar kao a los mosquitos que nos amenazaban con una noche de fiesta.

Día 18. Conociendo los Indri indri en el Parque Nacional Andasibe

Después de una noche de descanso, a pesar de tener unas cuantas picaduras, y de un mediocre desayuno, cruzamos la calle y nos dirigimos a la estación de autobuses donde nos sonrientes chicos nos decían nombres de lugares que no nos sonaban a nada. Solo dijimos Andasibe y ya nos dijeron dónde comprar el billete del taxi-brouse que nos dejaría justo a la puerta del parque.

Al llegar al parque nos recibió la que fue para nosotros la primera guía mujer de Madagascar! Me alegré mucho de este progreso y la acompañamos a la taquilla donde teníamos que elegir qué circuito íbamos a hacer. Hay cuatro, de 2,5, 3,5, 4,5 y 8 km cada uno. Nos decidimos por los 4,5 km, ya que es la zona donde más lémures se ven.

Y allá nos fuimos! en busca de los Indri indri o de cualquier otro lémur. Y no tardamos en encontrarlos! Nuestra guía no hacía más que hacer pequeñas escapadas para encontrarlos y a los pocos minutos ya estábamos ante una familia de lémures Indri indri, los más grandes que hay! Esta especie es monógamo, formando parejas permanentes y, a menudo, de por vida. Son de hábitos diurnos y, al igual que el resto de lémures, se alimenta de hojas, brotes y frutos y se trasladan de rama en rama sin casi pisar el suelo, a pesar de casi no tener rabo, que es un importante punto de agarre para los saltos.

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Disfrutamos muchísimo de los más de veinte minutos que pasaron mientras observábamos como se comportaba una familia con su cría y la agilidad de movimientos saltando de rama en rama. Debí de sacar más de 100 fotos a esa familia!

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Nos despedimos con pena y nos fuimos detrás de nuestra guía, que nos prometía ver otras especies de lémures. Esta vez tardó algo más, subía y bajaba rápidamente pero era la hora de la siesta (aunque parece ser que la siesta es todo el día!) y no se dejaban ver tan fácilmente. Hasta que allí estaban, otra familia, esta vez, si no me falla la memoria, eran de bamboo. Estaba muy cerca de nosotros y estuvieron quietos un buen rato, eso sí, con miles de ramas por el medio que me dificultaba la visión clara. Poco a poco nos fuimos acercando y vimos que tenía un collar de seguimiento. Qué nerviosillos son! no paran de comer, de mirar hacia todos los lados, de otear, de oler, comer, bajar y subir…

Madagascar

Al cabo de un rato se marcharon y nosotros seguimos de nuevo a nuestra guía en busca de más familias. Y vimos a un pequeño lémur, del que lamentablemente no recuerdo el nombre de la especie, seguimos buscando, pero no hubo más… dimos unas cuantas vueltas, seguimos el sendero y ya no pudimos ver más simpáticos lémures. Aún así, estábamos felices! Habíamos disfrutado durante mucho rato de dos familias y nos íbamos satisfechos.

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Y cuando ya nos marchábamos descubrimos que no hay bus, que teníamos que caminar casi dos kilómetros para llegar a un cruce y desde allí esperar al siguiente. Y así hicimos, pero al llegar allí decidimos probar a hacer autostop y oye, funcionó! y la mujer que estaba esperando también el bus se apuntó sin dudarlo un segundo y salió corriendo con su cesta detrás de nosotros para subirse en el todo terreno que nos acababa de parar.

Y así conocimos a este chico que nos explicaba el tema del carbón… En casi todas las carreteras en Madagascar se ven muchos sacos rellenos de… ¿hojas?, no, están rellenos de carbón y cubiertos por hojas para evitar la humedad. En muy pocos hogares existe electricidad, así que el carbón es la fórmula más extendida para cocinar. También es muy útil su humo para espantar mosquitos y demás pulgas.

Y después de menos de una hora, ya estábamos en Moramanga, donde teníamos toda la tarde para pasear, descansar, leer… o no hacer nada!

Empezamos el viaje muy cañero pero lo estamos terminando de una forma muy tranquila y descansada! Será que nos hemos adaptado al Mora Mora (despacio, despacio).

Día 19. De Moramanga a Antananarivo, de vuelta a la ciudad

Mercado de Analakely, Antananarivo

Mercado de Analakely, Antananarivo

Por la mañana nos dirigimos a la estación de autobuses para volver a la capital y, entre hoy y mañana, recorrerla y conocer algo más de esa curiosa ciudad.

Al llegar a Tana nos dirigimos al mismo hotel de la anterior noche y decidimos que pagaríamos el día siguiente, a pesar de que nuestro vuelo salía a las 2 de la mañana. Pensamos que estar todo el día de paseo y esperar hasta las 12 de la noche, nos iba a agotar demasiado. Así que reservamos dos noches, dimos un paseo por los alrededores, bajamos por la famosa y transitada Avenida de la Independencia  y planificamos el día siguiente.

Mercado de Analakely, Antananarivo

Mercado de Analakely, Antananarivo

Hoy solo lo dedicamos a callejear y perdernos por el caótico mercado y tomarle el pulso a la ciudad, que resultaba ser más pequeña de lo que habíamos pensado.

Diario del viaje por Madagascar

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Un comentario

  1. Los lemures son una preciosidad, lástima que en algunos sitios exploten a estos animales para el turismo haciéndose fotos con ellos…

    Un saludo,
    Mario

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