Anécdota de viaje: la aventura en un hospital de China!

Corría el año 2010 cuando mi pareja y yo nos fuimos, con muchísima ilusión y ganas, a recorrer algunos lugares de China. Después del timo del primer día en Beijing, después de que discutiéramos con los que nos iban a llevar a la Muralla China y haber perdido el día… y después de vernos atrapados en esa ciudad porque no había plazas en los trenes con destino a Pingyao ni aviones a Xian… seguíamos con muchísimo humor y disfrutando cada minuto.

Una de las cosas que peor llevaba de eran los terribles cambios de temperatura, un calor asfixiante (era agosto) y un frío para congelarse dentro de las tiendas. Y claro… tanto frío/calor… cuando llegue a Lijiang tenía fiebre y tos fuerte.

La amable mujer del albergue donde estábamos en Shuhe me dijo que me curaría rápidamente con la medicina tradicional y yo, sin pensarlo dos veces, acepté gratamente. Pero nada me surtía efecto… yo seguía con mucha fiebre y lo peor era la tos, que iba en aumento y me ahogaba.

Así pasaron algunas horas en Shuhe, con fiebre y mucha tos

Así pasaron algunas horas en Shuhe, con fiebre y mucha tos

Después de dos días sin recuperarme, decidimos seguir nuestro camino a Dali, para lo que teníamos que ir primero a Lijiang. Y estando allí, tirada sobre mi mochila en la estación de autobuses y con varias horas por delante, Manuel insistió en que deberíamos ir a un hospital… Al final, acepté.

Pero cuál fue mi sorpresa cuando llegamos y nos vimos en un hall donde había un montón de ventanillas… en chino y que nadie sabía hablar inglés. Tras varios intentos frustrados y cuando ya nos íbamos a ir, vimos a un grupo de occidentales con un guía chino y pensé que sería mi única oportunidad. Fui junto ellos y amablemente le pregunté si me podía echar un cable, que quería que me viese un médico pero que no tenía ni idea de cómo proceder.

Y aquí empezó la gran aventura!

Primero tuve que comprar (por unos céntimos de euro) un vale, con el cuál iba me llevó hasta una consulta pequeña donde había una doctora atendiendo un paciente. Me dijo que pasara pero yo le dije que preferiría esperar afuera. Me dijo que se marchaba pero que luego regresaría. Así que yo me quedé esperando en la puerta abierta mientras vi que empezaba a entrar gente y se empezaban a aglutinar dentro. En ese momento me di cuenta que la dinámica no era la de esperar en una fila. Tal y como había podido comprobar en días anteriores, no existen filas, la gente se cuela y nadie protesta, todos se cuelan, nadie protesta… es un sistema muy raro! Así que entré y empecé a empujar y decir que yo estaba primero… nadie me entendía, evidentemente. Al cabo de un rato la doctora me miró y me dio dos papeles. Parece ser que, por suerte, el guía ya le había dicho mis síntomas!.

Cogí mis papelitos y los empecé a enseñar a las enfermeras… todas nos enviaban hacia el hall. Allá fuimos. Vi otra vez al guía y me dijo que tenía que hacer dos colas diferentes para comprar los vales que me darían acceso a las dos pruebas que me iban a hacer: analítica y placa del tórax. Y, por supuesto, eso hice. Una vez que tuve mis vales… no tenía ni idea hacia donde dirigirme y el guía ya se había ido. Hice lo mismo de antes… empezar a enseñarle a la gente y a las enfermeras mis papelitos… poco a poco llegué hasta la sala de analítica donde en apenas cinco minutos tenía la prueba hecha. Allí mismo le pregunté donde era la siguiente prueba y nos llevaron hasta otro lado del hospital donde había que esperar en oscuros pasillos donde la gente fumaba sin cesar.

Al cabo de un rato un médico abre la puerta y me dice, con gestos, que entre. Le pregunté si hablaba inglés y no me entendió nada de nada… pero me acompañó hasta la sala de rayos y todo con gestos me indicó que me desnudara y las tres posiciones que tenía que hacer. La verdad es que fue muy amable, aunque resultase una situación surrealista. Al acabar me mandó salir, sin más. Le preguntaba con gestos si tenía que esperar allí o qué tenía que hacer pero él, ya muy serio y supongo que cansado de jugar a las palabras, solo me señaló una silla. Entendí que tenía que esperar. Al rato salió, me dio un sobre y me dijo que me fuera…

Usando la lógica nos fuimos de nuevo hasta donde estaba la doctora quien, al verme me dio otro papelito… y me indicó que me fuera hacia afuera. Hice lo mismo de siempre… y una enfermera me pidió unos céntimos a cambio de un termómetro. Me lo puse y al rato volvió con otro papel donde apuntó la temperatura y me devolvió el dinero cuando le di el termómetro…

Ya con todos mis papeles (la analítica, los rayos X y la temperatura) volví junto a la doctora. Como dice el refrán de “allá donde fueres haz lo que vieres”, hice lo mismo que los demás y me colé. A pesar de que había más de diez personas apiñadas en la consulta, logré ponerme de segunda y nadie dijo nada… En cuanto la doctora alzó la vista y me vio, le entregué todos mis papeles. Dijo algo en voz alta y una chica, que estaba tirada en una camilla, contestó algo. Después de varias frases de intercambio, la chica que estaba tirada en la camilla me dijo que tenía los pulmones limpios, pero que tenía una infección, que me tomase el medicamento que me iba a recetar y que no bebiese alcohol.

Le di las gracias a ambas y salimos del hospital alucinados con que en a penas hora y media me hubiesen hecho una analítica y una placa de tórax, me hubiesen dado los resultados y todo por, al cambio, dos euros! Lo que podría haber sido esto en España!

Con la nueva medicación en dos días no tenía fiebre y la tos había cesado…

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